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El semáforo del desorden

En los inicios de este año, la propagación de virus SARS-Cov-2, causante de la enfermedad conocida como Covid-19, que iniciara en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, China y que se expandiera sin control por Europa, Asia, África y América, ha develado la necesidad de que países, estados, ciudades y habitantes, tomaran, en muchos de los casos, providencias que superaran las acciones de las autoridades de salud o de sus gobiernos.


Pasados los meses, en México, hemos sido testigos de versiones, datos, gráficas, frases, mitos y opiniones - unas bien intencionadas y otras no tanto -, cambio de criterios, la aplicación de un sistema centinela a la postre abandonado, y muchas más acciones y omisiones que no lograron dar certeza y conocimiento objetivo sobre el problema que representa dicha enfermedad, su propagación o las formas de prevenirla.


El desorden social, ha sido claro, la conducta de muchos ha sido ejemplar, de otros, no tanto, la indolencia e irresponsabilidad, de muchos más y, en su cúmulo, tenemos un país irresponsable por donde sea visto. Lo cierto, es que, dentro del desorden han habido acciones de los estados, basadas en sus respectivas secretarías estatales de salud; una de ellas, es la implementación de sus respectivos semáforos sanitarios, con los que cada entidad federativa anuncia a sus gobernados y al país, sobre la situación sanitaria de cada uno.


Después de abandonar el sistema de rastreo centinela, la Secretaría de Gobernación, anunció que el semáforo sanitario establecido por la Secretaría de Salud Federal, sería el único indicador para determinar el estado de riesgo por contagio en la República Mexicana. Sin duda alguna, la determinación resulta algo, por no decir que, en mucho, confusa, ya que cada estado se encuentra conformado por un poder ejecutivo que dispersa sus facultades en distintos rubros, entre otros el de salud.


Cada estado, cuenta con su propio presupuesto, con sus propias condiciones sanitarias y de riesgo y cada estado tiene mayores o menores contagios; cada estado informa a la federación sobre el número de contagios registrados, muertes, personas recuperadas, etc.


En este sentido, parte del desorden, aparentemente provocado por los estados, es causado por las autoridades centrales, al determinar un solo semáforo que sirva como indicador de riesgo, ante la diversidad que experimentan los 32 estados del país y que, sin duda, causa un problema mayúsculo por la simple y sencilla razón de que unos podrían reactivar su actividad económica antes y otros en momentos distintos.


Es entonces que los estados, en ejercicio de su soberanía, de su problemática local y de las condiciones de salud, podrán implementar, y ya lo hacen, sus respectivos semáforos sanitarios, para que sus gobernados, así como aquellos quienes sean provenientes de otras entidades, acaten las disposiciones establecidas por las autoridades de salud en cada uno de ellos.



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