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El diablo está en los detalles, en esos malditos detalles.

A lo largo de las últimas tres décadas el mundo se ha visto inmerso en la revolución tecnológica, en el avance de herramientas que, sin duda alguna, han facilitado el trabajo de muchas personas, lo han hecho más eficiente o incluso, han sustituido en forma dramática la presencia del individuo en muchos procesos de la vida productiva a través de sistemas de voz, datos, programaciones, ordenadores, al igual que lo vimos en películas e historias de ciencia ficción. Ello, también ha traído como añadidura, la puesta a disposición y consumo a gran escala de información que, a partir del ingreso de un criterio o idea, en un motor de búsqueda, facilita contar, en cuestión de segundos, con un menú de miles de opciones cercanas al concepto o idea que es buscada.


Internet se ha convertido en la herramienta sustituta de la información; libros de toda clase, artículos, música, arte, técnicas de todo tipo, disciplinas, noticias, opiniones, ejercicio de la medicina, foto, video, audio, telemetría y prácticamente cualquier cosa que sea buscada, tiene una respuesta o, cuando menos, varias posibles respuestas a partir de un paquete de algoritmos que permiten al usuario de esta fantástica red el uso cotidiano, cómodo y no tan efectivo, al punto de lograr que millones de personas en el mundo, sustituyeran una placentera, necesaria o terrible visita a la biblioteca o simplemente la experiencia de comprar un libro con información basta sobre temas específicos, científicos, técnicos, una novela, poemas u otros, cuyo contenido fue generado con base en estudios precisos, técnicas avanzadas, especializadas, técnica literaria, la más vertiginosa imaginación o inspiración. Sin duda, es una herramienta fabulosa. Sin embargo, su dinamismo va de la mano con la pereza y ciega comodidad del usuario, ya que éste, dentro de sus limitaciones intelectuales, técnicas o especializadas, ha intentado armar el tente, sin ver el instructivo. Entonces, ¿cómo realizar alguna actividad, emprender una idea, consolidar un proyecto o realizar una tarea específica, basando sus expectativas en el contenido al que se tiene en internet? La respuesta ya no es alentadora y mucho menos halagüeña


¿Cómo estar verdaderamente seguros de que aquella información que consultamos o buscamos es realmente la correcta? ¿Cómo podemos llevar a cabo una actividad técnica, con la información que nos brinda internet sobre dicha actividad? Efectivamente, y como lo mencioné en el punto anterior, internet nos permite encontrar, desde la biografía de un conocido filósofo como Platón, de un prestigioso político como Herlmut Kohl, saber qué componentes tiene un medicamento o las noticias y comentarios acerca de los eventos políticos o deportivos de nuestro país o el mundo. Así, nos encontramos que en la materia legal, las herramientas de búsqueda de información han sido un referente para que el usuario de internet expanda su conocimiento y encuentre, al igual que en muchos otros casos, información que le permita orientarse acerca de un concepto o figura específicos; sin embargo, como en la medicina, resultaría fatal que una persona intentase implementar una defensa, un proyecto, inversión, iniciar una empresa o implementar los destinos de una actividad contractual, sin contar con la información completa o incluso, comprenderla para asegurarse de hacerlo de manera adecuada. No hacerlo, implicaría un riesgo potencial para tener problemas que seguramente, le impliquen pérdida de recursos económicos, la pérdida de esa inversión, el potencial fracaso de ese proyecto, esa defensa o de la empresa que intente iniciar. Es entonces que la intervención de los especialistas sigue y continuará siendo el factor de orientación y consolidación de la información a la que todos tenemos acceso en internet.


Podremos tener herramientas de información con rápido acceso a datos, la capacidad de buscar, identificar y reconocer información, pero hay un elemento que considero fundamental en todo ello: El conocimiento de las capacidades y precisión subjetiva de internet que nos permite interactuar de una forma tal que tendremos la posibilidad de distinguir entre aquella información que resulta de utilidad, en comparación con aquella que no lo es y que, contrariamente, podría nublar ese conocimiento, ocasionando los errores conceptuales, causados por los detalles pequeños, medianos o descomunales que la información puede traer consigo que provoquen que la misma sea algo similar a todo lo que un bote de basura o el mismo infierno, podrían contener, pues la información imprecisa voluntaria o involuntariamente almacenada en internet, se convierte en el pequeño gran detalle que podría condenar, desde un trabajo de investigación, hasta un puesto de trabajo en una organización. No olvidemos que las competencias de las personas se miden, además de sus aptitudes profesionales o habilidades, en la forma en que obtienen, procesan y divulgan la información, de modo que cualquier mal detalle en este sentido, podría, como ya dijimos, perjudicar en un grado notable.


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