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3 prácticas que hacen toda la diferencia en un equipo de trabajo

¿Qué distingue a los equipos de trabajo de alto rendimiento y desempeño, de los equipos de trabajo que alcanzan resultados mediocres e inconsistentes? ¿Qué hace que ciertos equipos de trabajo sean una delicia, y otros sean insufribles? Esto veremos el día de hoy, y conocerás las tres prácticas que hacen toda la diferencia.

Independientemente de si son equipos de trabajo en una oficina; un equipo deportivo, o una fuerza de asalto militar, cuando los equipos siguen estas prácticas y adoptan estas mentalidades, su desempeño mejora sustancialmente tanto por la calidad de los resultados que generan directamente, como por el ambiente de trabajo y compañerismo que generan.


Enfoque a la excelencia y el proceso

Mientras que muchos líderes, directores y equipos suelen enfocarse solo en llegar a la meta y cruzar esa línea, entregar ese entregable, etc. (y en el camino pueden perder de vista la calidad del trabajo), un equipo altamente efectivo se enfoca en cada jugada, en cada paso de esa jugada. El equipo está por una parte consciente de la misión y el objetivo mayor (como ganar el campeonato); pero también está (muy) presente en el momento-a-momento de su trabajo. Se enfocan en la excelencia en cada acción; ya sea en el pase del balón, en la experiencia del cliente que tienen al frente, o la redacción del reporte ejecutivo. Al enfocarnos en el proceso, en lugar de la meta, además construimos una actitud resiliente frente al fracaso. Enfocarte en el proceso hace que te enamores y obtengas satisfacción del proceso mismo, es su propia recompensa. De esa manera, si hay fracasos, tenemos la libertad de aprender de él y mejorar el proceso, en lugar de sufrir por el. Y eso, hace toda la diferencia.


Mentalidad, humildad y aprendizaje

Hablando de amar el proceso y los fracasos viéndolos como una oportunidad de crecer, esto va de la mano con una segunda mentalidad: humildad y aprendizaje constante. Una actitud de humildad se refiere a recordar que NO sabemos todo y que al contrario, siempre hay algo que aprender de los demás. Esto nos lleva a un estado de estudiante permanente, siempre abiertos a aprender y a encontrar lecciones en todo lo que vivimos. De esta manera el equipo está generando memoria, aprendiendo de su experiencia y evolucionando. Pero además, una actitud de humildad genera equipos con un ambiente agradable pues contribuye a un estado de confianza y apoyo mutuo y que promueve la comunicación y la creatividad. ¿A quién no le gustaría trabajar en un equipo que aprende y está listo para escuchar y generar ideas a partir de ahí?


Mentalidad de crecimiento orientada a soluciones

Finalmente, los mejores equipos de trabajo están orientados hacia una visión y hacia soluciones. Aún cuando pueden sostener múltiples perspectivas y buscar los riesgos y “peros”, la mente se enfoca hacia encontrar el potencial, las soluciones, los caminos, las aperturas y oportunidades de innovación. Esta mentalidad aprovecha todo lo que está aprendiendo a través de vivir los procesos, y encuentra la manera de construir y reconstruir. Cuando un reto o problema surge, no decae o siente derrota, sino un impulso a rebasar sus límites y lograr un nuevo nivel. Y esto, construye equipos que hacen posible lo imposible.


Integra estas tres prácticas a tu equipo o a tu persona, y verás resultados sorprendentes.


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